Desafío MARTES 14 DE JULIO DE 2026*Gobierno de Imbéciles


Por Rafael Loret de Mola
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El gobierno cuatrotero es tan insensible y torpe, lo que lo sitúa en la imbecilidad de acuerdo a los diccionarios -el término no es un insulto sino un diagnóstico médico-, que aún no se percata de su derrota definitiva: la pérdida total de credibilidad y, por ende, de autoridad moral, tan necesaria, inapelable, para la conducción de una nación que, en buena parte, se niega a someterse a la dictadura presidencial con los tres poderes de la Unión en la misma mano aunque ésta esté quebrada por el peso del narcotráfico sostenido por el icono de la izquierda podrida, Andrés Manuel, el saltimbanqui de Palenque.
En un Estado de Derecho jamás se habría llegado al pesado espacio en el que una potencia militar extranjera diera el primer paso para confirmar las condiciones atroces que privan en México poniendo incluso, en bandeja de plata, las coberturas financieras de tres bancos vistos como enormes lavanderías de dinero sucio con Alfonso Romo Garza en calidad de abanderado de los criminales-terroristas. Y así ha sido para vergüenza de sus protectores, sobre todo el picaflores de Macuspana y la pandillera-porra de Palacio Nacional, y de ellos mismos quienes fingen, siguen fingiendo, una falsa inocencia que no se sostiene ni con los desorbitados ojos de la presidente exigiendo “pruebas” cuando saltaron las alarmas.
Ya no son pocas las advertencias emitidas por el actual gobierno de los Estados Unidos de América acerca de la brutal penetración de los sicarios en la vida institucional del país. Falta tan solo que se cree, pero ya, una nueva secretaría, que podría llamarse de protección de cárteles, para exaltar a los grandes sicarios que nos tomaron por asalto. Comenzó el poderoso vecino con calificar como terroristas a los sicarios; siguió exigiendo la entrega de algunos de los más connotados -entre ellos, claro, Rafael Caro Quintero, señalado por el asesinato del agente de la DEA, Enrique “Kike” Camarena Salazar -olvidándose de su piloto mexicano, subrayando que ellos no son amnésicos y siempre cobran-; más adelante acusaron a la señora Sheinbaum de haber estimulado las vandálicas protestas en Los Ángeles… hasta llegar al lavado de dinero a través de tres bancos protegidos por el régimen en curso.
Durante todo su quinquenio con diez meses, López IV denunció, cada día, al exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna, por mucho menos de lo que hoy se acusa al favorito Romo Garza o al almirante Rafael Ojeda Durán. Tal estrategia sirvió, naturalmente, para denostar al pasado culpándolo de delitos que, al arribo de la cuatrotera administración, crecieron de manera exponencial al grado de que se dejó con las manos libres a los facinerosos de calle, a los de cuello blanco y a los disfrazados de redentores que saquearon y prostituyeron al gobierno de la República y a no pocos gobernadores, de MORENA la mayoría pero también priistas y panistas -digamos Alejandro Mural, ahora senador guinda y antigua mano derecha de Peña Nieto, y Diego Sinhué, panista recalcitrante que se dejó envolver por los peores-. Por fortuna, hay algunas, pocas, excepciones.
Si los traidores hicieron lo suyo -la materialización de los mismos son los execrables Yunes quienes terminaran mal más pronto que tarde-, los emboscados intocables rebasaron todo límite hasta situarse en el estatus de los sicarios con títulos de ministros del gabinete y también de la “nueva” Suprema Corte, amén de diputados y de senadores -de ambos sexos-, además de los ya “votados” -es un decir con el desprecio de nueve de cada diez mexicanos-, jueces y magistrados que avergüenzan hasta a los abogados de México y el exterior. La burla ha sido siniestra.
Insisto en que no puede tolerarse, bajo pretexto alguno, el descarado actuar de Romo quien se manejó gracias a su empleado, el actual secretario de Hacienda Edgar Amador Zamora. Por este funcionario debiera empezarse la indagatoria separándolo del cargo que ostenta porque si se mantiene podría obstruir el proceso en cierne… siempre y cuando rigiera el Estado de Derecho del que ya nos hemos alejado hasta la ignominia.
Así que el trío del lavado de dinero lo forman Romo, García Luna -aprehendido en USA- y Amador Zamora. El primero es el gran socio de AMLO incluso para apropiarse de los terrenos circundantes al Tren Maya con el agua de la región; el segundo estigmatizado como ejemplo de la corrupción del pasado sin que se siguiera la misma pauta con los expresidentes, de los que tanto se habló, acaso para emplear la dosis de imbecilidad a los cuatroteros; y el tercero un soez jinete de hacienda, sustituto de un economista más serio, Rogelio Ramírez de la O, destinado a tapar los pozos de los niños ahogados. Una auténtica bazofia.
En tales circunstancias, los mexicanos -cuando menos cuantos no escuchan los cantos del bienestar, las sirenas de nuestra época-, deben estar puestos para no reconocer a Claudia Sheinbaum ni a sus corifeos entre los cuales se esconden los barbajanes que han dejado al país en manos de los capos y sus sicarios. A los ya mencionados deben agregarse los nombres de Mario Delgado, situado en Educación cuando es ésta de lo que más adolece, Rosa Icela Rodríguez, la tapadera, el fiscal falsamente “autónomo”, Octavio Romero Deschamps, destructor de PEMEX y ahora del Infonavit, así como los falsos cómplices, Juan Ramón de la Fuente y Marcelo Ebrard Casaubón quienes no tienen límites a la hora de hincar las rodillas ante sus verdaderos patrones.
Otro triángulo nos lleva por sendas sinuosas hacia la decena de domicilios de Bartlett -a quien he señalado desde 1985 luego del asesinato de Manuel Buendía-, las salas premier que dan abrigo al inefable Gerardo Fernández Noroña, y los burdeles de Adán Augusto López Hernández. Otros tres intocables que desarman las autoproclamaciones de Claudia y demás vividores.
¡Pongámonos de pie, mexicanos!
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