* Adolfo Solís y Edgar Tinoco parecen más ocupados en la propaganda que en resolver los problemas de Almoloya
Por Raúl González Nova
Almoloya de Juárez, Estado de México.— La política en #AlmoloyadeJuárez parece haber perdido el rumbo. Mientras miles de familias esperan soluciones a problemas tan básicos como la falta de agua, la inseguridad, las calles destrozadas, el deterioro de los servicios públicos y las obras inconclusas, algunos personajes han decidido convertir el gobierno en un espectáculo de propaganda.
Primero fue el alcalde #AdolfoSolísGómez, quien ha privilegiado los eventos, bailes y actos de promoción que algunos ciudadanos califican como “pan y circo”. Ahora, su cercano colaborador político, #EdgarTinoco, aparece convertido en una especie de “Defender de Almoloya”, con capa, traje de superhéroe y un emblema en el pecho, como si una imagen digital pudiera transformar la percepción ciudadana.
La pregunta es inevitable: ¿de qué defiende a Almoloya, si los problemas siguen esperando solución?
Porque la ciudadanía no necesita personajes de historieta ni campañas de culto a la personalidad. Necesita funcionarios que recorran las comunidades para resolver problemas, no únicamente para tomarse fotografías.
La imagen, más que mostrar un superhéroe, puede terminar exhibiendo lo que muchos ciudadanos cuestionan: una clase política más preocupada por la imagen, la promoción personal y las aspiraciones futuras que por demostrar resultados en el presente.
Mientras las colonias reclaman atención, algunos prefieren posar como salvadores. Mientras los vecinos denuncian carencias, otros parecen invertir más imaginación en el personaje que en la solución.
Ni Adolfo Solís es director de un circo ni Edgar Tinoco se convierte en superhéroe por ponerse una capa. Los cargos públicos se honran con trabajo, transparencia y resultados, no con montajes digitales ni campañas de vanidad.
La confianza ciudadana no se recupera con inteligencia artificial, filtros o propaganda. Se recupera cuando el gobierno deja de vender fantasías y comienza a cumplir sus promesas.
Y eso sí: en lo que Edgar Tinoco le atinó con su supertraje fue en la letra “A”.
¿A de Almoloya? ¿A de Acción? ¿A de Ayuda?
¡Nada de eso!
A de Adolfo.
Porque entre tanta capa, tanto emblema y tanto superpoder, parece que lo único que quedó perfectamente identificado fue quién manda en el traje.
Al final, el pueblo no vota por superhéroes. Vota por servidores públicos. Y cuando la política necesita capa para presumir resultados que deberían hablar por sí solos, quizá el verdadero superpoder que hace falta no sea volar…
sino trabajar.

