Por: Diana Arango
AL PODER NO LE GUSTA QUE LO CUESTIONEN
*** EL PRECIO DE INFORMAR Y ALZAR LA VOZ EN MÉXICO
Hay una verdad incómoda que en los pasillos del poder prefieren ignorar, a los gobiernos no les gusta la crítica, pero la necesitan y cuando el poder no tolera el cuestionamiento, lo primero que busca asfixiar es la libertad de expresión.
No nos engañemos, no hay democracia real ni Estado de derecho que valga cuando a la prensa que investiga se le persigue desde la tribuna pública, cuando al activismo comunitario se le criminaliza o cuando el disentimiento se intenta aplastar con todo el peso del aparato burocrático y estatal.
El periodismo riguroso y la lucha social no son «golpistas» ni buscan desestabilizar, son, sencillamente, el espejo donde el poder se ve tal cual es.
Quienes investigan, quienes documentan las irregularidades y quienes salen a la calle a defender los derechos humanos, el territorio o la equidad, están haciendo el trabajo que a la autoridad le incomoda, exhibir los abusos, señalar la opacidad y exigir cuentas claras.
Defender esa labor no es un favor que el gobierno nos hace, es un deber democrático irrenunciable. Pero ¿qué vemos como respuesta oficial? Ante la denuncia documentada, el manotazo, ante la fiscalización, la descalificación, el acoso sistemático y la intimidación.
Cuando las instituciones se usan como garrote para acallar a los incómodos, lo que se rompe de fondo es la confianza de la gente en sus gobernantes.
El poder no debería temerle a las preguntas ni a la movilización ciudadana, debería temerle a la impunidad y a la corrupción que prosperan cuando todos callan.
La fuerza de un país no se mide por qué tan sumisos son sus medios de comunicación ni por qué tan silenciosas están sus calles, se mide por la capacidad de proteger a quienes se atreven a hablar, a investigar y a defender a los demás.
La libertad de prensa y el derecho a disentir no son concesiones, ni regalos del gobierno en turno, son conquistas ciudadanas que vamos a defender, guste a quien le guste y le pese a quien le pese.

