Desafío *Claudia está perdida

por Rafael Loret de Mola

  • – – – – – – – – – – – Entre los extremos de la política actual no podemos situar a la mandante mexicana: es muy tonta o demasiado viva; quizá, como respuesta, encontremos a la mentira y la manipulación in extremis. Esto es, lo que ella diga debemos tomarlo al revés adornado con un lenguaje maquiavélico en el cual todos caben siempre y cuando se sometan a las reglas esenciales de la 4T: callar, obedecer y aplaudir; si lo haces serán tuyos todos los privilegios, si crees en Belcebú naturalmente.
    Para ello, claro está, se utilizan las mentiras según sea el grado de importancia de las acusaciones: a mayores pruebas un elevado nivel de engaños lacerados desde el poder absoluto que ha trastocado la autonomía entre los poderes de la Unión con la decapitación del Judicial a partir de septiembre muy próximo. Todas las instituciones en la mano de la presidenta (e) pero sin que tenga el verdadero poder cuyos brazos fuertes son los capos, Andrés Manuel y por analogía Donald Trump a quienes les rinde culto sin el menor pudor.
    Valor para ella significa cobardía; democracia es demagogia; bienestar solo pantomima y, en fin, censura un privilegio del gobierno para elogiarse a sí mismo persiguiendo a sus críticos o descalificándolos sin argumentos contra las pruebas irrefutables presentadas sobre el desastre social, la amoralidad latente por el contubernio, el maniqueísmo llevado al extremo y el gatopardismo como tapón irracional para desviar argumentos hacia el limbo de la amnesia pública: se habla de transformar pero nada cambia.
    Fíjense como ha sido un mes de junio de hace u año de la señora de Tarriba -Jesús, el consorte-: inició con una farsa grotesca para dar cauce a una reforma judicial basada en tómbolas, acuerdos debajo de la mesa y turbios enjuagues con ladrones y narcos aduciendo que con ello, el poder Judicial sería democrático y eficiente porque el pueblo “había hablado”, esto es uno de cada diez mexicanos empadronados -y los que votaron casi el 30 por ciento anuló las boletas de la deshonra-, tanto que un abogado mixteco había llegado a la presidencia de la Tremenda (Suprema) Corte. Así sobrevino la villana comparación con el Benemérito Juárez, de origen zapoteca, cuyas raíces no importaron hace casi dos siglos para crecer entre la soberbia de un gobierno racista y la impiedad de una Iglesia cómplice.
    Hugo Aguilar Ortiz apareció al frente de los ganadores de ministerios, y por ello presidirá la Corte pese a los berrinches casi iracundos de las señoras de López, Lenia -llamada así en homenaje a Lenin y sin bautizo de por medio, claro-, Yasmín -la PLAGIARIA- y Loretta -la del esposo lacayuno-, y ocupará la presidencia del supremo tribunal de la república mancillada. ¿Sus méritos? Ser el cabildero principal de AMLO para limpiar de asperezas sociales los tramos del Tren Maya, su chu-chu-chú personal, engañando a campesinos y ejidatarios con minucias para cebar a los hambrientos. ¡Qué honor para el gobierno de los pobres que enriquece a los ricos y convierte a los necesitados en ociosos limosneros!
    Siguió, en aquel desastroso junio de Sheinbaum, una semana terrible: en México se alzaron millones de voces contra la impudicia de la llamada “elección” judicial -la de uno por diez-, y en Los Ángeles miles de migrantes, sobre todo mexicanos, pero no únicamente paisanos, atendieron su llamado a movilizarse con multitudes enrabietadas en contra del gravamen a las remesas que envían a sus familias. La secretaria de Seguridad Pública de USA, Kristi Noem, la culpó por los actos vandálicos, en la oficina oval y delante de un cabizbajo Donald Trump, como promotora de los rabiosos desencuentros.
    En este ambiente enrarecido, la señora Sheinbaum, viajó en un avión comercial -teniendo a su disposición los Boing de la Defensa de la que es ella “comandanta suprema” y quejándose de las críticas-, hasta Calgary, Canadá, con la pretensión de dialogar, ya sin teléfono de por medio, con míster Trump, y dejarse ver por los otros líderes del G7, del que México no forma parte, para tomar aire al lado de Lula, Zelensky y la sensual primera ministra de Italia, Georgia Meloni quien pudo guardar su distancia respecto a la mandante mexicana o presidenta (e) espuria.
    Pero, además, se dio el lujo de clamar en contra de la censura, ejerciéndola en nivel mayor al de su santón y jefe AMLO. Aunque ella replique, con su voz cada vez más apagada, “claro que no”, se trata de un SÍ clamoroso y acaso por ello algunos dirigentes de la Cumbre -Meloni entre ellos- la recibieron con ciertas precauciones. Y es que la nueva “dama de las camelias” -suspirantes absténganse de comentarios-, se lanzó en toda forma contra la plataforma Latinus que llevó en directo las manifestaciones de Los Ángeles mientras ella berreaba sobre los señalamientos en su contra: “no fui yo, fue Teté”. Pobrecita agitadora juvenil. Por cierto, ¿en dónde tiene al célebre “El Mosh”, aquel líder de su juventud -la de Sheinbaum-, cuando cerró la UNAM? Quizá por ello, la ministra plagiaria pudo pasar de puntillas sobre la Casa Máxima de Estudios por ese tiempo bajo las manos de los “porros”. ¡Ah, qué chavita búlgara! Todo puede soslayarse menos la edad y la consiguiente memoria.
    Eso fue hace un año. En este junio de 2026 se le apareció el averno del Mundial con sus temeros creciendo a la par con su soberbia inaguantable.
    Claudia ha perdido el rumbo. Está menos cuerda que nunca y no es sencillo que pueda enderezar el árbol caído de la 4T miserable. No tiene noción sobre el destino de México, mucho menos sobre los giros dramáticos de la geopolítica universal. Por ello va a la deriva acompañada en principio de un canciller que es hijo de un gran psiquiatra y ex secretario de Salud durante el periodo del hoy odiado Zedillo -ahora el puesto lo ocupa un entenado de Marcelo, Roberto Velasco Álvarez, de un secretario de Economía hondamente frustrado, de un desorientado secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora -¿cuántos le conocen?- y del astuto secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien comienza a parecerse a su conocido antecesor Genaro García Luna -por demás tienen el mismo apellido-, y el anfibio embajador de México en USA, el antiguo colaborador de Carlos Salinas. Puro lujo mexicano, con el perdón de Marco Antonio Muñiz.
    ¿Cabalgamos? Ni El Quijote de caricatura se la cree.
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    E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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