ÁNGULO CERO

Por: Sabina Marco Pimentel

QUE EL HIELO DE LA TOLUCA NO DUELA TANTO COMO TU SORDERA, LAS MADRES BUSCADORAS ESTÁN PARANDO EL PAÍS POR TU FAMILIA, PREFIERES LLEGAR TEMPRANO A UN PAÍS DONDE TE PUEDEN DESAPARECER MAÑANA, Y ES QUE NO SON 32 HORAS DE TRÁFICO, ES UN PAÍS QUE TE VA A DEJAR SOLO CUANDO TE FALTE UN HIJO.

Entre agresiones, difamación e indiferencia, aunado el frío glacial del Valle de Tolucay la sordera oficial, las madres buscadoras luchan por todas y todos.
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​Hasta este miércoles veintiuno de octubre de 2026, llevan más de 32 horas en la México-Toluca entre fogatas para soportar el frío del valle y enfrentando agresiones graves de conductores. Mientras la autoridad exige «pruebas» para procesar a los suyos desde la conferencia matutina en palacio, al pueblo se le ignora su dolor. ¿Esperaremos a que nos toque para despertar?.
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​El cierre de la autopista México-Toluca ha superado las 32 horas, cientos de conductores atrapados han vivido momentos de desesperación y pérdidas económicas. Sin embargo, en el epicentro de la protesta, la realidad es mucho más cruda: madres resistiendo agresiones verbales y hasta golpes de automovilistas. Han encendido el fuego de la esperanza, no solo el físico, también simbólico, con la fogata sobre el asfalto, resisten unidas, para soportar un Valle de Toluca donde el clima es helado, pero cala más el hielo de la injusticia, el doble rasero del Estado y el dolor ignorado.

​Nadie toma una autopista por capricho, las madres y las colectivas recurren a la parálisis vial porque las ventanillas de las fiscalías y las promesas gubernamentales se cerraron hace mucho.
​Es la paradoja de la justicia en México para los militantes y protegidos del poder acusados de delitos, las autoridades piden un debido proceso impecable y montones de pruebas; pero para el pueblo que reclama a sus hijos, solo hay silencio, carpetas empolvadas e indiferencia hacia su dolor legítimo.

​¿Por qué esperar a que nos toque?
​Nos hemos acostumbrado a consumir la crisis de desapariciones como si fuera una estadística ajena, nos molesta el tráfico, pero no nos moviliza el dolor de quien duerme a la intemperie buscando a su hija, a su hijo.

​¿Por qué necesitamos que la tragedia entre a nuestro propio hogar para entender el dolor ajeno?. En un país sumido en la impunidad, a cualquiera nos puede tocar en cualquier momento, que nos arrebaten a un familiar o que seamos nosotros los despojados de nuestro nombre y libertad.

​Una lucha que nos protege a todas y todos, es fundamental entenderlo; las madres buscadoras están haciendo esto por un país entero.

​Exponen la pudrición del sistema, al confrontar la omisión institucional, desnudan a un Estado que no nos protege.
​Soportan la hostilidad, enfrentan el frío del valle y los insultos de la vía pública para que las desapariciones no se vuelvan un tema cotidiano e invisible.

​Son nuestro último escudo, defender su causa y su vida, es asegurar que, si un día falta alguno de los nuestros, la sociedad no mire hacia otro lado.

​El bloqueo en la México-Toluca deja al descubierto a un gobierno indolente y a una ciudadanía anestesiada, no esperemos a que la ausencia se siente en nuestra propia mesa para exigir justicia. La causa de las madres buscadoras es la causa de la dignidad legítima de México.

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