Por: Diana Arango
El fantasma en el balcón
*** La comedia de la jubilación en Palenque
Desde las comodidades y protección militar de su refugio en Chiapas, Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a romper el silencio que prometió guardar. A través de un metódico videomensaje, el expresidente pretendió entregar un informe de «retiro», pero terminó escenificando lo que mejor sabe hacer, la ocupación absoluta del escenario político, para intentar entronizar a Claudia.
La reaparición no es una simple anécdota de agenda, es un recordatorio de que en México el poder nominal despacha en Palacio Nacional, pero la tutela doctrinaria continúa dictándose desde la finca de Palenque, allá en la chingada.
Resulta un ejercicio de abierta hipocresía y burla grotesca a un país entero, insistir en que no se busca actuar como un mesías tutelar dictatorial, ni como el poder tras el trono, mientras se utiliza la vitrina mediática para marcar la pauta del debate y pontificar sobre la política nacional su imagen, esa que desea dejar grabada en la historia, como entrañable «cabecita de algodón» no como el padre de los fraudulentos y huachicoleros, narco hijos, ha regresado, con su habitual sonrisa, esa que Claudia intenta copiar, cada mañanera, con esa pausa quirúrgica, molesta y esa mueca con intento paternal con la que suele disimular la mano de hierro, para recordar a sus feligreses que la salvación del país sigue llevando su sello de autor.
La presentación de su nuevo libro, Pueblo, dedicado con sospechosa generosidad a Claudia Sheinbaum, no es un inocente acto académico, es la entrega de las Sagradas Escrituras del régimen, la delimitación de los dogmas donde la actual administración sólo puede aspirar a administrar la fe heredada de quién sigue escribiendo el guión que se leerá desde palacio.
El discurso, además, se mantiene aferrado a la pirotecnia estadística, presumiendo una reducción de la pobreza que no existe y defender a capa y espada los indicadores del sexenio pasado, sirve para construir un mito triunfalista y equivoco a toda inteligencia social, omite cínica y convenientemente la realidad que se vive en las calles, las fosas por desenterrar, el colapso del sistema de salud y la cesión silenciosa de la vida pública a los uniformes militares, los grupos del crimen organizado incertados hasta los huesos del partido guinda.
Al final, la reaparición del «profeta» de Macuspana confirma la sospecha más oscura para este periodo, la figura del perverso «cabecita de algodón» nunca se disipó el 1 de octubre.
La «jubilación» en la selva ha demostrado ser un mero eufemismo para una vigilancia en la sombra, un recordatorio de que el mesías no se retira, solo se repliega a esperar que la historia —o su propia grey— vuelva a aclamar su nombre, para acudir en su defensa y borrar con el codo, lo que escribió con la mano.



