Por Rafael Loret de Mola
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La dictadura avanza, sin remedio. La amenaza que pende sobre las cabezas de los periodistas críticos está lista para ser utilizada, cual espada de Damocles, para cortar toda posibilidad de ejercer la libertad de expresión. Será la señora Sheinbaum, antigua “porra” de la UNAM en donde hizo mancuerna con el célebre Alejando Echevarría “El Mosh” -ella misma sacó el tema del porrismo universitario diciendo que su hermano había sido una víctima de este cuando se trató del enfrentamiento vulgar de bandas juveniles que guerreaban no por estudiar sino para ascender en la escala del poder-, será ella, repito, quien juzgue unilateralmente -aunque diga que sigue las decisiones de alguna destartalada comisión-, lo que es verdad o mentira en los medios para proceder contra todos los que se “salgan del huacal” y aborden temas incómodos o acusatorios d la 4T. Con la censura muere la democracia, ahora sí, luego de un verano agónico.
El agravio es monumental tras la epopeya que encumbra a una parvada de ignorantes como ministros de la Tremenda Corte -la del inmoral Tres Patines-, recién incorporados sobre las ruinas del Poder Judicial y basándose en la sabiduría de las tómbolas, los acordeones y, sobre todo, la traición más abyecta de cuantas registremos en los libros de historia.
Al mismo tiempo se dio la parodia inverosímil del Senado, infamada por un trueque de forcejeos y golpes, además con escenas tan burdas como la de Emiliano González, quien cobra por fuera y pretendió contener la furia de Alito Moreno Cárdenas acabando, con su gran altura y volumen, en el suelo para luego aparecer, cínicamente, con collarín en el cuello del que colgaba un falso cabestrillo -un montaje inigualable-, para cubrir los lloriqueos del nefasto Gerardo Fernández Noroña quien inició la trifulca asegurando que por ser un adulto mayor, de sesenta y cinco años -clamando creemos por su tarjeta del bienestar con la que recibe pensiones pero no puede comprar chocolates de marca en las tiendas con apellido semejante-, no podía contener a un señor de cincuenta años en plenitud física. De carcajada.
Por cierto, este sujeto, con una conciencia tan sucia que no puede aspirar a la redención divina, en días anteriores pretendió callar a dos legisladoras que invocaron a Dios para rematar sus arengas en contra de las deformaciones de los cuatroteros. Alegó que él no permitiría ninguna expresión sobre creencias y divinidades porque, dijo, “estamos en un estado laico” alejándose de cualquier relación con el Creador. Debemos apuntar, de una vez por todas, el error al que lleva su atormentada conciencia.
La separación de la Iglesia y el Estado, como la justa medianía de la que hablaba el inmortal Benito Juárez, no significa negar a Dios ni intentar mancillar a la imagen de la Virgen de Guadalupe -que tiene significado religioso y político por haber sido el estandarte de la justa por la Independencia Nacional-, tal y como lo hizo la otrora pandillera Sheinbaum, porque no solo se afrentan las creencias de la mayor parte de los mexicanos sino también se ensucia innecesariamente al estado laico que no es sino expresión de respeto hacia la pluralidad de pensamiento y jamás obstáculo para la íntima fe de los compatriotas tantas veces pisoteados.
Al barbaján que presumió, más que ninguno de sus predecesores, ser “presidente de la mesa directiva del Senado” -¿acaso fue Claudia quien lo colocó en este trance para desviar las candilejas mientras ella negociaba con los perfiles criminales más altos?-, debemos brindarle una academia sencilla: nuestro Himno Nacional, cuya letra se debe al egregio Francisco González Bocanegra y que data de 1854, fue cantado con falso fervor por el siempre desarreglado sujeto en el momento de iniciarse el zipe-zape en el presídium -o presidio debiera ser-, el miércoles 27 de agosto de 2025. Basta con repasar algunos de los versos de nuestre mayor canto cívico unido a las marciales notas de Jaime Nunó, el catalán que nos las legó:
“Que en el CIELO tu eterno destino con el DEDO DE DIOS se escribió”
“Piensa ¡oh patria querida! Que el CIELO un soldado en cada hijo te dio”
Y aunque la señora presidenTA (e) haya agregado, casi con sorna, “una soldada” -expresión propia de un plomero-, al segundo verso citado, no con ello defendió al estado laico como pretendió el esbirro de las tinieblas a quien más de tres de cada cuatro mexicanos repudia. No son extrañas, por ende, otras de sus festejadas desviaciones mentales. Por ejemplo, en la vida familiar.
Transó con Manuel Bartlett, como ya fue expuesto por los medios a los que seguramente desacreditar pronto por decir “mentiras” con el criterio obtuso de Sheinbaum, una jugosa plaza para su hijo, Kin Yael Villafaña Morán -¿notan algo extraño en los apellidos?-, y le consiguió una plaza con salario de 116 mil pesos al mes, más de un millón al año, que hasta la fecha conserva el privilegiado porque, entre otras cosas, Bartlett tiene metida la mano en el régimen AMLO-Claudia. Lo interesante es que el señor Fernández Noroña “ayudó” a su junior… pero no le concedió el uso de su nombre porque no quería aparecer como el padre de la criatura. ¿Vergüenza o desvergüenza?
Y ya para cerrar, otra de las parejas -el matrimonio no es para él-, Martha Ojeda, en el nombre de Dios, denunció a su “ex” por lavado de dinero y delincuencia organizada, un poco para cubrirse las espaldas y no ser salpicada, ante la Fiscalía General de la República cuya autonomía es tanta que no se atreve a lanzarse contra el delincuente con fuero y quien precisamente, por algo infinitamente menor -la historia de la madriza-, exige que se efectúe un juicio de procedencia contra el célebre Alito para desaforarlo y, de ser posible, llevarlo encadenado -él mismo- hacia alguna mazmorra.
Esta es una más de las historias de “la mafia del poder” que cambió de abanderado pasando de la cabeza de Carlos Salinas a la de AMLO, naturalmente. Pero bien podría recetarse aquel sinsentido grafitado a las puertas de la Facultad de Derecho de la UNAM -muy cerca del anexo de Economía donde pasó la mencionada “porra” ahora encumbrada pero en el sexenio de Miguel de la Madrid, rey de la oscuridad:
–“¡Regresa Díaz Ordaz; te perdonamos!”
Podría ahora ser Salinas o hasta Peña, el vacacionista eterno.
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