Rafael Loret de Mola: Sanciones Sociales

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  • Sanciones Sociales
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Por Rafael Loret de Mola


Rafael-Loret-de-Mola-Sanciones-SocialesUna tarde por San Miguel de Allende, guiado por su anfitrión Enrique Fernández Martínez hijo de un gobernador de Guanajuato y ex dirigente de la CNOP, miguel de la madrid hurtado recorría algunas de las céntricas calles de la ciudad en donde, como burócrata joven, buscaba las delicias de los besos furtivo muy al estilo de los del Callejón de Beso. El gran “padrino” de personajes siniestros como manuel bartlett y emilito gamboa, sonreía mientras algunas personas le descubrían y le pedían tomarse fotos con él como si fuera un atractivo turístico más aunque fuese casual. Nadie parecía recordar la tragedia que él llevó al máximo tras los sismos de 1985 ni la galopante inflación que rebasó todos los indiciadores anuales –con más de cien por ciento al año- ni la devaluación del peso estimada en 3 mil 100 por ciento durante una administración funesta sólo amable para los especuladores que ahora también olvidan su memoria.

Durante su sexenio, además, en situación de disparidad extrema, el gobierno mexicano se sumó al GATT –sistema internacional de aranceles-, como senda abonada para el posterior y asimétrico Tratado de Libre Comercio de Norteamérica mismo que nos convirtió en el traspatio de las potencias del norte. Y, por si fuera poco, durante su triste periodo se asesinaron a ochenta y cuatro periodistas y a más de trescientos luchadores sociales para lo cual contó con el “brazo duro” del asesino bartlett, ahora paje de Andrés Manuel López Obrador en la intocable corte de una izquierda desvencijada.

Por cierto, hace unos días, el icono de MORENA, cargando un infarto en su interior desde diciembre de 2013 –lo apunto porque ello hace más meritorio el ánimo con el que enfrenta el futuro incierto-, dio a llenar a los integrantes de la Cámara baja mencionando, sin nombrar a los recipiendarios del señalamiento, que cuatrocientos ochenta de sus miembros, de quinientos totales, tienen nexos no santos; ello debió haber dado lugar a las denuncias correspondientes porque no es posible generalizar a la ligera sobre una acusación tan grave y obviamente tratando de deslindar a sólo veinte de los diputados de la fracción que simpatiza con él aunque hubiesen tenido trato directo, por ejemplo, con el matrimonio abarca en Iguala. Sólo ellos son impolutos.

De haber sumado a los senadores habría tropezado, cuál si se tratase de una roca imposible de vadear, con la crónica negra de bartlett y los suyos muchos de los cuales salieron blindados económicamente para convertirse en la nueva clase de banqueros y empresarios de un México golpeado severamente por la desigualdad. ¿Hubiera disculpado los antecedentes de su actual consejero bajo la firme idea de que son “cosas del pasado” como ha repetido en otros casos de salinistas célebres cooptados por la izquierda amorfa? Porque no se atrevió a tanto, optó por hablar sólo de los diputados aunque en el recuento más de cien se creen estar dentro de los veinte “libres de pecado” de acuerdo a las hipótesis incontestables del tabasqueño.

Pero, ¿acaso tiene temor por revelar sus nombres y apellidos o supone que es intocable por lo cual puede señalar a cualquiera sin la menor prueba? Los funcionarios públicos, por deber constitucional, deben denunciar cualquier delito del que tengan conocimiento por muy menor que sea la coerción; Andrés Manuel no es parte de la burocracia pero sí es un líder político, veterano en las lides electorales y a quien siguen quiérase o no, millones de mexicanos ansiosos de ser redimidos y creyentes fervorosos de sus palabras a favor de defender los derechos de los pobres, y en tal condición no puede actuar superficialmente, generalizando, sin proceder por las vías judiciales correctas contra los predadores de los que él tenga información bastantes –o suficiente- para retirarles, en el caso de los legisladores, el fuero. No se vale, en su circunstancia, lanzar denuestos impregnados de vociferantes sentencias para alborotar a las multitudes que reúne y luego ocuparse de otros asuntos. ¿Por cierto, hace cuánto tiempo que dejó de hablar de las víctimas de Tlatlaya e Iguala? ¿Será porque no se siente invulnerable del todo y la espada de Damocles pende sobre su cabeza?

La cuestión es que el terrorismo político es guiado por cada uno de los partidos con registro que nos han vuelto rehenes de su propaganda hasta en los cines en los que se paga un boleto para ver una cinta y no los largos mensajes de los postulantes perredistas o de los nefastos verdes que se “encuentran” con imágenes de elefantitos amarrados, suponiendo que se les está domando sin reparar en que es posible otra cosa: por ejemplo, una cura o la necesidad de ayudarles a andar por haber nacido en cautiverio, como sucede en los zoológicos; impera, en cambio, la aviesa manipulación para justificar la normativa que prohíbe los circos con animales al suponer que éstos sufren maltrato y sin detenerse en cuanto padecen los seres humanos. Demagogia llevada a la cúspide al amparo de la cursilería; y gracias a ella se limita el derecho de los padres a enseñarles a sus hijos el mundo, conociendo las habilidades de los seres zootécnicamente inferiores para obtener de ellos las mejores enseñanzas para la convivencia feliz con la naturaleza. ¿Nadie les explicó esto a los imberbes y poco estudiosos niños verdes?

(Me sigo preguntando si no existe crueldad al mantener encerrados, muchas veces en los lavaderos de las azoteas, a los cachorritos recién nacidos o a sus progenitores; o al sacarlos a “pasear” encadenados para intentar “educarlos” a no ensuciar con sus excrementos los interiores de un departamento de escasas dimensiones que se vuelve inexorablemente un punto de alta contaminación. Con rascar un poquito aparecen las perversas intenciones políticas de los farsantes).

Lo extraño, para mí, es que sigamos en estado de contemplación; esto es, sin desfogar siquiera nuestro desprecio a los grandes predadores humanos que han pasado como Atila sobre el presupuesto público. A quien más cerca le ha llegado la soga al cuello es a echeverría quien fue arraigado en su domicilio mientras se mantuvo, fugazmente, la acusación por genocida con referencia a los sucesos del Jueves de Corpus de 1971. A salinas y zedillo se les conminó a declarar, ministerialmente, sobre los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu en 1994, pero hasta ahora la información sigue blindada bajo los siete candados de la complicidad. Los demás, incluyendo a los derechistas que paralizaron al país dejándolo en manos de sus socios del sector privado, han sido objeto de chascarrillos –“memes” les llaman ahora con sus figuritas respectivas-, pero jamás de procedimientos judiciales serios. Y es esto lo que debe preocuparnos: las sinrazones de quienes carecen de memoria y suelen ser carnes de cañón.

Hace poco más de una semana, enrique peña nieto, severamente cuestionado por su negligencia criminal, visitó Huichapan, Hidalgo, cuna de aquel general, Pedro María Anaya, quien alegó haberse quedado “sin parque” antes de ceder la plaza de Churubusco a los indignos invasores estadounidenses quienes jamás han tenido la razón de su lado. Y, ante la sorpresa de mucho, decenas de personas le pidieron retratarse con él como si se tratase de una figura de cera en recorrido por el país para promocionar un Museo. (En cuestión de gustos, hubo quienes esperaron en casas de campaña la apertura de la exposición “Obsesión Infinita” de la japonesa Yayoi Kusama cuyo salón principal se dedicó a recrear un bosque de penes rescatando las tendencias fálicas que prevalecen desde Mesoamérica y ahora son símbolos de lo contemporáneo). Por supuesto, peña, tan golpeado a últimas fechas, se dejó querer por quienes parecían ignorar la ignominia de su gestión.

¿Le habrán perdonado, fast-track, los hidalguenses o se trató de un montaje circense en donde los animales eran bípedos ansiosos de cacarear al paso del personaje? Mientras los mexicanos no seamos siquiera capaces de aplicar sanciones sociales a los peores, esto es predadores y multimillonarios crecidos al amparo de las grandes mafias, estaremos impedidos para hacer crecer el andamiaje del nuevo país por el cuál tanto soñamos, aunque a veces al despertar nos encontremos con una pesadilla.

Por eso, desde luego, compartimos culpas y tendremos que explicárselo a quienes vienen detrás, hijos y nietos. ¿Qué responderemos?
Debate

Tamaulipas, por desgracia, es referente diario sobre la violencia que se trata de ocultar. El gobernador, Egidio Garza Cantú, incapaz siquiera de intentar resolver el crimen contra su hermano gracias al cual llegó a la gubernatura por una decisión con aires de nepotismo superficial y una secuela honda de perversidad política, dice que tiene todo bajo control o, más bien, está él bajo el fuero de las grandes mafias que se han dividido el territorio, convirtiendo en pueblos fantasmas a urbes enteras, como en los casos de varias poblaciones cercanas a la frontera norte en donde el cártel del Golfo y los “Zetas” más radicales han anclado, según los indicios, de manera definitiva.

Pues por allí mismo, el secretario de Hacienda recorrió la senda del pillaje para convocar a los inversionistas locales a lanzarse a la aventura de fomentar y desarrollar el Banco del Bicentenario, dijo, con todo el apoyo del gobierno federal y el beneplácito entusiasta del gobernador de pacotilla. Le creyeron, por supuesto, porque de ello dependían sus interrelaciones con las fuentes oficiales en una época de resaca criminal sobre una de las entidades más castigadas y demagógicamente colocada en un segundo plano por las emergencias de Guerrero y Michoacán.

El asunto se tornó de gravedad cuando la propia secretaría al mando del impresentable luis videgaray caso -¿habrá alguien que crea aún en sus posibilidades presidenciales?-, informó a los empresarios tamaulipecos que el tal “Bicentenario” se esfumaba con todo y lo invertido en el mismo. Así de simple se acreditaron los millones del fondo financiero al gobierno federal dejándose con un palmo de narices a quienes trataron de construir un nuevo andamiaje para producir en donde sólo se han sembrado cadáveres. A kilómetros de distancia se percibe el tufo de la complicidad y el mal olor que suelen dejar los economistas zorrillos.
Un engaño más, pero terrible.

La Anécdota

Sucedió en la Plaza México el domingo 18. Desde los tendidos de sol surgió una voz insolente mientras muleteaba el hidrocálido Juan Pablo Sánchez:

–¡Cierra la boca, Ponce! –ya el valenciano había realizado una magistral faena-.

Y desde el tendido de sombra vino la réplica, hilarante:

–Siempre hay un imbécil; debe haberlo enviado peña.

El sujeto de sol se dio valor y alcanzó a gritar para reforzar la teoría y la amalgama entre el calificativo y el apellido:

–¡Viva peña nieto!

¿Les cuento de qué dimensiones fue la silbatina? Basta decir que se escucharon no pocos recordatorios maternales como un gesto, supongo, de buena voluntad.

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