Rafael Loret de Mola – ¿Por qué el Paro?

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*  ¿Por qué el Paro?
* Cacerolazos Útiles
* Suntuosa Residencia

Por Rafael Loret de Mola

Rafael-Loret-de-Mola-Por-qué-el-ParoEl ochenta y cinco por ciento de los mexicanos rechaza a la administración federal; tres de cada veinte mexicanos, en su mayoría burócratas, empresarios cómplices y funcionarios de cuello alto, apuestan por ella insistiendo en que es necesario respetar la figura presidencial contra viento y marea aun cuando ésta sea ya un estorbo para la democracia al andar por los caminos de un continuismo paralizante y empobrecedor. Nada pasaría, ni una sola hoja del árbol de la vida pública se sacudiría con una nueva perspectiva y otros modelos –un sistema mejor cimentado sobre bases ciertas de participación ciudadana-, para impulsar una nueva estrategia social con los mandatarios en calidad de servidores, quienes obedecen.

El PARO NACIONAL es más que un mero movimiento callejero o un plantón que cierre el círculo de los rencores imposibles ya de subsanar; es un llamado a recuperar, precisamente, la soberanía que “reside esencial y originariamente en el pueblo”, de acuerdo a los fundamentos del artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. No ha lugar a interpretaciones, como en otros múltiples rubros “legales” que contradice a la justicia, el valor superior, sino a un refrendo categórico que coloque a la clase política en su sitio, por debajo de cuantos integramos la nación mexicana y no en la cúspide del poder. Es al revés, lo hemos dicho muchas veces, pero los términos se tergiversaron a causa de la fundación del presidencialismo supuestamente para abatir a los caudillajes posrevolucionarios. De Lázaro Cárdenas del Río fue el pecado aunque no tuviera tal intención de origen cuando exilió a Plutarco Elías Calles dando fin al deplorable “Maximato” durante el cual muchas manos se ensangrentaron e infinidad de líderes sucumbieron.

Quizá sea este factor lo que inhibe a no pocos mexicanos a salirse del cauce de la dictadura perfecta –no casi-, en ayuno de valor civil y con exceso de la grasa de la cobardía. Y otros más, como los traidores de todos los tiempos –recuérdese el abyecto pasaje del barbado enajenado de Miramar, numen de los vende-patrias dispuestos a reverenciar a los extranjeros con tal de no someterse a la civilidad republicana-, siempre listos a estirar la mano para recibir prebendas con unos cuantos mendrugos de por medio. Ahora les llamamos, dentro del mundo cibernético que ha rebasado a los medios tradicionales nos duela o no, simplemente “peña-bots”.

El PARO NACIONAL convocado para mañana, miércoles 14 de octubre, puede marcar diferencias enormes en cuanto a la capacidad de reacción de la sociedad sin caer en la posibilidad de ser infiltrados por radicales destinados, desde el poder, a vandalizar las protestas públicas. Son los modernos “halcones” dirigidos por los “hackers” y espías oficiales, armados para desalentar cualquier propósito de airear la libre expresión y la manifestación de las ideas, derechos respaldados en los artículos sexto y noveno de la Carta Magna, que equivocadamente confunden los términos y en lugar de servir a su país creen hacerlo convirtiéndose en esbirros del mal gobierno que sobaja, asesina y abusa de la sociedad civil.

Por ello, cada consigna del PARO tiene fundamento:

1.- NO TRABAJAR. Porque con ello, tomándonos un solo día de dignidad contra casi un siglo y medio de ignominia –incluyendo la dictadura porfirista naturalmente-, podemos exhibir el músculo de una ciudadanía harta de medias tintas y desviaciones, de saqueos inmorales y de una economía formalmente dirigida a la extorsión eterna de los mexicanos mientras se acumulan riquezas sin fin en manos de unos cuantos. ¿Cómo podemos permanecer activos, un solo día, cuando bien sabemos que las diferencias de clase son tan enormes como para contar con algunos de los más grandes multimillonarios del planeta en una nación rebosante de seres humanos en condiciones infrahumanas? La comparación más clara la vemos entre los mineros –mismos que iniciaron, de verdad, la gesta revolucionaria en Cananea, Sonora, y permanecen en condiciones similares-, y los dueños de las entrañas de la tierra como el criminal Grupo México que ahora tiene la desfachatez de anunciarse en los cines para estigma de los mexicanos ignorantes. No lo permitamos más.

2.- NO ESTUDIAR. Es necesario darle a los jóvenes y niños la mejor lección cívica que podrán recibir: la de una sociedad ordenada que clama por otro sistema político y la redención de cuantos, sometidos, hemos tolerado décadas de ominosas imposiciones a cambio de una superflua comodidad momentánea para los lacayos del poder. El vibrar del silencio, primero, y de las cacerolas al medio día, será como una chispa inolvidable que incendiará, para bien, el corazón de quienes son el futuro de México y serán quienes reciban de nosotros ya sea una dictadura, porque callamos, o una nación próspera con la conducción de una comunidad pujante y recia.

Sí, es momento también de politizar –lo que no significa apoyar a partido alguno sino al ejercicio del servicio social-, a los niños y a los adolescentes; a los jóvenes universitarios que tanto me preguntan los porqués de nuestra realidad ominosa y sobre cuáles deben ser las salidas para ellos y los que vienen detrás de los mismos. Es nuestro DEBER secundarlos y no cruzarnos de brazos mientras vemos las series televisivas o dejamos a los chicos, de todas las edades –desde los tres años hasta los diecisiete- inmiscuirse en los juegos cibernéticos hasta crearse una realidad paralela, la virtual, a cambio de enajenarse renunciando a su entorno. No queremos robots cuyos cerebros comiencen y terminen en las pantallas devastadoras.

3.- NO CONSUMIR. Un día de libertad contra varios siglos de capitalismo explotador con comercios y franquicias rebosantes de ambiciones y listos a golpear a los comerciantes nacionales sin posibilidades de competir en igualdad de condiciones. No es todavía un boicot general sino una probadita para que quienes tanto especulan y se enriquecen con los bienes primarios sepan que tienen límites y dejen de abusar, sobre todo, de quienes menos tienen, específicamente si se trata de trasnacionales ávidas de expandirse suprimiendo a los inversionistas nacionales y convirtiéndoles en sus empleados.

Nadie puede negar que en ello estriba una de las condicionantes mayores para la explotación de los seres humanos a quienes, desde la óptica de los multimillonarios, se observa como inferiores por carecer de recursos suficientes, no haberlos heredado o simplemente haber nacido en estratos bajos. Es, desde luego, el horizonte más ruin de cuantos podamos imaginar.

4.- NO ACCEDER A SERVICIOS PÚBLICOS. Un día sin Metro o son autobuses mal mantenidos y contaminantes en extremo, nos aliviará no sólo los pulmones sino la misma conciencia. Es terrible conceder que necesitamos de estos bienes que nos brindan como si se tratara de gracias de un gobierno corrupto cuyas entrañas están rebosantes de comisiones amorales sustraídas precisamente de las obras de infraestructura gubernamentales que jamás se terminan pero siempre nos cuestan el doble y el triple… incluso los burdos adornos como la deplorable “estela de la luz” del calderonismo o las tantas columnas realizadas en todo el país con motivo del Bicentenario de la Independencia, cuando nos hicieron más dependientes de las deudas contraídas. Recuérdese el ominoso caso de los Moreira en Coahuila.

Son estos cuatro fundamentos los que nos llevan a parar un día, mañana mismo, para iniciar la redención de nuestro ser interior tan atenaceado por el fuego de los engaños, los saqueos, las burlas, las muertes, los azotes militares, la represión a los jóvenes y el luto de todo el país. No vistamos de negro, sino de blanco, para dejar a los cuervos de Palacio y sus dependencias el oscuro traje de sus miserias humanas.

Vengan todas las injurias contra quienes algo proponemos; serán, a la larga, elogios que sonarán a gloria para los mexicanos cuando alcancemos una meta bastante más cercana de cuanto creen los miserables. PARO NACIONAL. MAÑANA. 14 DE OCTUBRE.

Debate

En Argentina y Chile, sobre todo, la estrategia de hacer ruido ha tenido éxito. NO SE REPRIMIÓ A NADIE. Al contrario: haciendo sonar cacerolas, sartenes –con sus respectivos cucharones-, y bocinas de automóviles, se dio muestra fehaciente del despertar ciudadano ante la opresión guardada por años por temor y acaso comodidad.
En esta ocasión se ha recurrido a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, quien hace unos días emitió un severo fallo sobre la tortura y la violación contra la condición de nuestros connacionales con el consiguiente rechazo barato y pueril de las autoridades, y a los observadores de la ONU, para que den cuenta cabal de cuanto suceda mañana al pie de Los Pinos y en todas las plazas del país a donde vayan los convocados a hacer ruido, simplemente eso, durante unos breves minutos… los mismos que le llevó al Padre Hidalgo sacudir el badajo de la Campana de Dolores. Tiene un simbolismo innegable.

Ojalá que igualmente los párrocos hagan sonar los bronces de sus parroquias para acompañar a miles, acaso millones, de sus feligreses que calman por legarles a nuestros hijos y nietos un México sin infamias ni entes sin memoria capaces de convertirse en tránsfugas para seguir lanzando dentelladas al erario. Por eso, también, se justifica el PARO NACIONAL; y los CAEROLAZOS, a las DOCE EN PUNTO DEL DÍA.

La Anécdota

Mil veces se ha repetido que la residencia –suntuosa- de Los Pinos –hecha casi al carbón sobre las líneas de la Casa Blanca de Washington-, debe ser considerada como el “hogar de todos los mexicanos” aun cuando la mayor parte no tenga acceso a ella ni por delante ni por detrás.

Mañana, 14 de octubre, sin el menor propósito de alterar el orden –salvo si los “halcones” de la nueva horda pretenden otra cosa para lo cual filmaremos sus acciones con los celulares-, habremos de situarnos sobre la avenida Parque Lira, a cincuenta metros de la residencia oficial, para hacer sonar cacerolas y sartenes exactamente a las doce del día, cuando el sol esté en su cenit.

Los invito a acompañarme…

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