LA SUCESIÓN GUBERNAMENTAL EN OAXACA

Por Abel Santiago / abelsantiago30336@yahoo.com.mx

Abel-SantiagoDos funcionarios del gobierno federal, desde que entraron en funciones a partir de la administración de Enrique Peña Nieto, han aprovechado sus cargos para promoverse como candidatos del PRI a la gubernatura del estado, violando la ley electoral y traicionando la confianza que se depositó en ellos para un desempeño fiel y patriótico. Se trata de Alejandro Murat Hinojosa, titular del Infonavit e hijo de José Nelson Murat Casab, uno de los peores gobernadores de Oaxaca de los últimos años, y de Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, director general de Liconsa, quien con el demagógico programa Cruzada Nacional contra el Hambre recorre gran parte del territorio oaxaqueño y de la República, para hacerse publicidad como precandidato. El diputado federal de Movimiento Ciudadano, Ricardo Mejía Berdeja, presentó hace más de un año en la Procuraduría General de la República denuncia contra este funcionario, aportando pruebas de que utiliza su posición y los recursos a su cargo para promocionarse. Refirió que el 27 de febrero de 2014, se recibió información en la Cámara de Diputados de la constante campaña mediática “que venía perpetrando” en medios de Oaxaca. Por su parte, Alejandro Murat Hinojosa utiliza el programa de vivienda Crezcamos Juntos para hacerse publicidad desde que tomó posesión del cargo. Manos a la Obra es otra de sus promociones de franca campaña política.

Por parte del PRI esos son los dos precandidatos que más se mencionan, pero los menos aceptables, por ser uno hijo del desprestigiado ex gobernador Murat y otro por ser protegido de Ulises Ruiz Ortiz, jefe de la banda que tanto abusó del erario público oaxaqueño. Otro precandidato priísta, que también tiene el inconveniente de nunca haber radicado en Oaxaca, es el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, igualmente cercano a Peña Nieto, pero con poca experiencia política, aunque sí con mucha capacidad y conocimiento de los problemas de la entidad. La otra opción de Ulises es su incondicional Eviel Pérez Magaña, postulado y perdedor en la pasada contienda electoral, pero que nuevamente está dispuesto a buscar la candidatura, a sabiendas de que con él sería derrotado su partido. Con mínimas posibilidades por su incompetente desempeño como líder estatal priísta se menciona a Héctor Anuar Mafud Mafud, pero está apuntado para entrar a la jugada. Por su discreta participación política y su aceptable desempeño como presidente municipal de la ciudad, Javier Villacaña Jiménez es considerado el más idóneo y el que podría hacer que su partido recupere el poder estatal.

En cuanto a los otros partidos la situación es más difícil, porque no se advierte la posibilidad de una alianza como en las pasadas elecciones y por separado es casi imposible el triunfo de alguno de ellos, porque aparte de su falta de arraigo sus posibles candidatos son impopulares y carecen de apoyos y simpatías. El partido Morena aún no se consolida en la entidad, a pesar de la fuerza que ha logrado en otros lugares, principalmente en la capital del país. En las elecciones para diputados federales fracasó porque tuvo como candidatos a elementos indeseables y corruptos, y en esta ocasión al único que se ha candidateado es a Salomón Jara Cruz, uno de los políticos más negativos de lo que se ha dado en llamar la izquierda oaxaqueña. Su derrota eliminaría la presencia local de ese partido. Dentro de la misma corriente se menciona a los perredistas Benjamín Robles Montoya y José Antonio Estefan Garfias, cuyos antecedentes inmediatos de deslealtad obstaculizarían el desarrollo de una campaña normal. Además el primero no es oaxaqueño y llegó al Senado de la República por el apoyo que siempre le ha brindado su ex amigo Gabino Cué Monteagudo, a quien desconoció al sentirse seguro de poder valerse por sí mismo. El segundo logró su diputación federal como premio por su salida del PRI, pero esa misma calidad moral le impediría el triunfo como candidato a la gubernatura. Hasta la fecha, el mejor posicionado de la llamada corriente izquierdista es el diputado federal Francisco Martínez Neri, porque él sí, por méritos propios, logró encabezar la coordinación de la bancada perredista en la Cámara de Diputados. No obstante, tampoco se ostenta como aspirante a la gubernatura.

El arranque oficial de las precampañas y precandidaturas es a partir del próximo mes de octubre, pero como vemos la mayoría se ha guiado más por su voracidad personal que por su disciplina partidista y su respeto a la legislación electoral. Uno de los factores que propició el madruguete fue la crisis de ingobernabilidad vivida por la salvaje actuación de la dirigencia de la sección 22 magisterial, que a partir del inicio del gobierno gabinista abusó más del poder que se le había conferido a partir de 1992, cuando Heladio Ramírez López creó el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca y lo puso a su servicio, y que explotó al máximo convirtiéndolo en uno de los mayores centros de corrupción en el estado. A pesar de eso, este gobierno les concedió muchos más privilegios, porque supuestamente a ese sector le debía su triunfo. De igual manera, se aprovechó la impunidad con que se protegió a Ulises Ruiz Ortiz y a su pandilla, a pesar de las promesas de someterlo a juicio, lo que acrecentó la anarquía, por la que incluso se llegó a solicitar la revocación del mandato, desatando las ambiciones de la clase política estatal, que con beneplácito ve que por fin ha llegado su hora de encabezar una corriente o irse a la cargada. Estos antecedentes hacen desconfiar desde ahora del futuro que espera a nuestra sufrida entidad en la sucesión gubernamental, por lo que la participación en alguna campaña debe meditarse mucho, y más todavía el sufragio por alguno de los abanderados partidistas.

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