Fuente del Hervidero y Casa Macareno

La Vicepresidenta de CONAPE España, y editora en LONGISLAND AL DÍA, IVONNE SÁNCHEZ BAREA

INFORMA:

Que se ha realizado entrevista a ANA DEL MACARENO para el artículo TITULADO:

FUENTE DEL HERVIDERO Y CASA MACARENO

En la noche de ayer miércoles, volví a visitar la Fuente del Hervidero, en La Zubia, Granada. Tuve la ocasión de mantener una larga charla con Doña ANA DEL MACARENO, Fundadora del Bar-Restaurante aledaño a la Fuente del Hervidero.

Me cuenta Doña Ana la historia del lugar…  todo empezó cuando los aficionados a caminar, al montañismo, y senderismo, subían desde la parada del tranvía de Cájar o La Zubia hacía el Trevenque, en el Parque Natural de Sierra Nevada. Los caminantes hacían una parada en la Fuente del Hervidero, o, simplemente hacían la excursión dominguera hacia ese punto geográfico, en el que se puede ver más allá de la Vega Granadina hasta los montes de Sierra Elvira, Sierra de Alfacar… Parque Natural Sierra de Huetor, haciendo que la vista se pierda entre las líneas de los cerros que nos conducen a Moclín y la carretera de Córdoba o por un horizonte verde, ese que nos hace engullirnos en la poesía de Federico García Lorca.

Otros muchos habitantes de la zona, ya habían empezado a disfrutar de ese lugar en la década de los 60, haciendo romerías en San Juan, San Pedro y Santiago Apóstol. Algunos de ellos subían en familia, la noche anterior para coger la sombra de los nogales. Acudían con cestas llenas de viandas a fin de empezar el día y refrescarse en el clima de montaña durante los arduos veranos. Llevaban algunas garrafas vacías, para llenar de agua pura y fresca en la fuente y disfrutaban a la vez, de un día de campo.

La casa cerca de la Fuente, el Cortijo, estaba habitado por colonos, la familia de los Macarenos. Ana llegó al cortijo en 1970 cuando se casó con Francisco, Paco Macareno. Siendo una pareja compuesta por una mujer luchadora y bastante observadora, quien se fijó y se percató que los caminantes y excursionistas demandaban algo de comer, o algo de beber que no fuese agua. Siempre apoyada por su marido, consolidaron entre ambos las ideas que a ella le surgían, comenzó la iniciativa.

En primera instancia se colocó un kiosco de bebidas al lado de la fuente y después en el patio exterior del cortijo, bajo la sombra de los tres árboles, en la explanada de tierra, se ofreció por primera vez unas papas alpujarreñas con huevo frito.

Al principio no tenía platos suficientes, ni mesas, ni cubiertos, ni manteles, sólo los que se disponían en la casa, por lo que se lavaban a continuación de servir para poder atender a los visitantes.

La vieja cocina con chimenea contaba con un estrebe y una sartén que freían, y por entonces, en vez de hacer justo para toda la familia, empezaron a hacer un poco más por si alguien se presentaba o detenía a pedir algo para comer…

¡Así se empieza!

Les proporcionaron un préstamo, que curiosamente le hizo uno de los proveedores de bebidas. Pudieron ahorrar para comprar las primeras mesas, sillas, vajilla y cubiertos. Préstamo que fueron pagando poco a poco, semana a semana, hasta cancelar esas 12.500 pesetas, que les había costado para lograr comenzar con el mínimo y lo que se veía como un negocio familiar que posteriormente se expandiría. Tuvieron cuatro hijos, quienes desde la cuna vivieron todo este monumental esfuerzo que les supuso al matrimonio.

Allí todos colaboraban en las tareas de atender a las visitas y al público. Unos fregaban platos, otros servían e incluso mataban el conejo o el pollo para atender las demandas. Mes tras mes, este emprendimiento se fue fortaleciendo y año tras año se extendió con una característica única y de gran valor: guardar el auténtico carácter de cortijo serrano.

Al principio, el comedor que tenía en el lateral la chimenea, se convirtió en cocina y luego el antiguo dormitorio en la ampliación de la misma. Después el corral se le agregó, incorporándose al edificio para darle cabida al lavadero. Más tarde, alquilaron el espacio aledaño para montar el bar, y poder atender también en invierno a los visitantes. Y le pusieron como nombre CASA MACARENO. Y es cierto, cuando estas sentado ante el espectáculo visual, es como estar sentado en tu casa, sólo que viendo y deleitándose de un paisaje único y un trato especial.

Por entonces, en aquella década de los 70, los viernes compraban al debe, se abastecían de longaniza, morcilla, carnes para el fin de semana, que pagaban religiosamente cada lunes tras hacer la caja.

Personalmente visité allá por 1977 este singular lugar, y hoy 40 años más tarde, puedo comprobar como gracias a la observación, el arduo trabajo, el ahínco, la amabilidad y la visión de esta mujer, ANA, hoy el restaurante y bar Casa Macareno en la Fuente del Hervidero, tiene fama de un lugar acogedor y sigue desde su autenticidad y sencillez un singular lugar que ofrece trato cercano y familiar.

Esta crónica de éstas vidas dedicadas a la restauración campestre, en pro de sacar adelante a su familia, me reafirma una vez más, que en muchas ocasiones está en manos de las mujeres, tener la visión, tomar el riesgo de emprender para progresar, y en manos de los maridos, apoyar incondicionalmente arrimando el hombro, unas y otros para lograr los sueños. Ana y su familia han hecho de éste paraje, un enclave singular y hermoso para disfrutar visitándolo, tomar el aire fresco veraniego, y gozar de unos espacios interiores para cuando hace frio. Espacios que caldean y destilan el esfuerzo y la entrega con cariño. La visión y el emprendimiento de ANA y PACO MACARENO, según ella me explica, surgieron del propio público, de los visitantes, de la gente. Ella no ha olvidado a cada una de esas personas que al inicio los ayudaron, los apoyaron, confiaron en sus compromisos y quehaceres.

Hoy esa explanada que paso de la tierra al cemento, con sus plantas colgantes, las vistas hacia la Vega bajo la sombra de la rafia, hay unas cuarenta mesas esparcidas. Las sartenes desprenden un delicioso olor a chacina de campo, a cocina tradicional. Los suelos del Bar y la casa, aún mantienen esos azulejos antiguos, en los que tantos niños de antaño hemos jugado a dar saltos entre dibujos. Ana, ayer nos recibe con su mandil y nos rememora su pasado y al dueño, Don Federico con respeto, cariño y afecto del tiempo.

Desde el Hervidero, desde CASA MACARENO, vemos a GRANADA con otra dimensión. Dejamos los trasiegos para darnos un respiro, y porque no, dejamos volar la imaginación que surge como el agua desde nuestras mentes. Todo comenzó y surgió desde la propia fuente, como un manantial de ideas que van dejando un rosario de recuerdos ancestrales en los visitantes durante las últimas cuatro décadas.

No me queda más que felicitar a ésta mujer, ANA y CASA MACARENO, a su marido, a su familia como reconocimiento público ante el caminante, el montañista, los ciclistas, y los visitantes a quienes dirijo éste mensaje:

DEBEMOS CONSIDERAR ÉSTE ESPACIO CON RESPECTO; ES UN ENCLAVE ÚNICO EN PLENA NATURALEZA Y A LA VEZ A ESCASOS 10 MINUTOS DE LA ZUBIA.

DEBEMOS VELAR POR SU CONSERVACIÓN EN CALIDAD DE LA PROPIA IDENTIDAD DE LOS LUGAREÑOS Y SU CULTURA ANCESTRAL: ESA DE RECIBIR CON AMABILIDAD Y GENEROSIDAD AL VIAJERO.

 

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