Flora de Echandi: 40 años de ser la dama de la cocina costarricense

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Flora de Echandi: 40 años de ser la dama de la cocina costarricense

Definitivamente, la famosa Tía Florita ha dejado huella, con creces, en Costa Rica. Porque además de estos atestados, ha logrado plasmar, con gran acierto, una cocina basada en la sencillez, la evolución y la creatividad que premia paladares. Efectivamente, la cuchara de doña Flora se caracteriza por ser sencilla, práctica, variada, original y económica, pero, con mucha clase. 

 Por Carlos Díaz Chavarría

Personaje Cultural Destacado 2013
CONAPE Internacional

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Si ha existido un aspecto que ha marcado mi vida, profundamente, es la influencia de tantas inspiraciones femeninas, mujeres de mi familia, la academia, las letras, la cultura, quienes han transitado, y han escrito sus sentimientos y huellas, en las páginas del libro de mi existencia. Precisamente una de esas inspiradoras mujeres ha sido mi admirada, mi gran maestra en el arte culinario, mi querida amiga, doña Flora Sobrado de Echandi. Mujer ejemplar quien, con persistencia, directa e indirectamente por 33 años, ha danzado de cara a mis evoluciones en diferentes trazos de mi historia.

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Confieso que no soy de quienes creen en coincidencias, estoy convencido de que la vida se encarga de colocar cada pieza en su justo momento, algunos lo llaman fortuna o destino, otros milagro, aunque habrá quienes no crean en ellos, en fin, en lo que a mí respecta, mi relación con Flora Sobrado de Echandi, Tía Florita, está cargada de mágicas y milagrosas experiencias. ¿Por qué señalo esto?… Pues bien, mi historia con doña Flora empieza a muy corta edad, cuando yo tenía unos siete años, y como me gustaba tanto cocinar por la gran influencia de mi abuelita Nelly y de mi mamá Liliana en estas labores, veía, justamente en la casa de mi abuelita, un programa de cocina en Canal 7, el cual era, precisamente, Cocinando con Tía Florita.

No oculto que me impactó la enigmática personalidad de esa señora que salía en el programa elegantemente vestida, sonriente, con aires de gran fineza y con una gran sabiduría en todo lo que mencionaba al preparar cada uno de los platillos, eso fue suficiente para que, a partir de ese momento, naciera una admiración, y la siguiera cada vez que podía en sus programas. De esta manera vinieron las primeras enseñanzas, nacieron los primeros platillos, recuerdo con mucha nostalgia que mi primera receta fue una ensalada multicolor, que por mi falta de experiencia y mi edad a lo mejor no me quedaba tan bien, pero para mí representó una obra de arte.  Por eso hoy, después de 33 años de este primer cariño a primera vista, gracias a la cocina, puedo asegurar que mucho de lo que sé del arte culinario se lo debo a mi querida Tía Florita, quien no solo me enseñó a cocinar de manera más apropiada, sino, también, me enseñó que el arte de la cocina es uno de los más gozosos ingredientes para transmitir nuestro cariño y agradecimiento a nuestros seres queridos. Eso para mí es mágico.

Pero además, quién me iba a decir que la vida me iba a premiar, precisamente 33 años después, con la fortuna de ser yo, ese niño de 7 años quien admiraba a esa experta señora de la cocina, quien tendría el gran honor de presentar, en el 2012, su libro Cocina Costarricense en la Librería Internacional. Por eso estoy convencido que mi vínculo con doña Flora ha estado marcado de mágicas experiencias, pues este hecho cada quien lo puede llamar de muchas maneras, pero para mí, sin duda, es una especie de milagro. ¡Porque definitivamente qué placer es el saber que la vida me ha dado el honor de alimentarme de las infinitas cosechas gastronómicas de doña Flora!

Una persona, como ella, es con quien el país está en deuda porque ha entregado parte de su vida a hacer de Costa Rica una mejor Patria al enriquecer nuestra gastronomía. Pienso, en este sentido, en la cantidad de costarricenses, y extranjeros, quienes han tenido el gran privilegio de ser educados en el arte de la cocina a la luz de sus consejos, recetas, libros, programas de televisión o vivencias.

¡Definitivamente cuántas personas, como sí lo puedo hacer Tía Florita, se pueden dar el lujo de decir que sus enseñanzas en la cocina se han trasmitido, sin interrupción, de generación en generación!  En este sentido, indica la periodista Pilar Cisneros, en el prólogo de uno de los libros de doña Flora, que “La Tía Florita ha sido su mejor amiga en la cocina”, y qué certeras son estas palabras, porque, ¿de cuántos de nosotros también lo ha sido?…Y es que cómo no admirar y seguir a esta gran dama de la cocina. Pues hablar de Tía Florita es referirse a una persona que ha vendido más de medio millón de libros, hecho que le valió un reconocimiento en París, en donde también fue premiada por su Trayectoria Cultural Gastronómica. Además, ha sido incluida entre los 30 chefs internacionales más famosos en el ámbito televisivo.

También Tía Florita suma 40 años en televisión, con más de ocho mil programas, que le han permitido llegar a los hogares de muchas amigas (como ella les suele llamar), y de muchos amigos, a quienes les ha transmitido su maestría culinaria. Aunado a esto, ha publicado 18 libros (lo cual implica más de 20 mil recetas), con el valor agregado de que sus libros han sido éxito de ventas, y por si fuera poco, fue reconocida como Mujer del año por la Asociación de Mujeres Americanas.

Definitivamente, la famosa Tía Florita ha dejado huella, con creces, en este país. Porque además de estos atestados, ha logrado plasmar, con gran acierto, una cocina basada en la sencillez, la evolución y la creatividad que premia nuestros paladares. Efectivamente, la cuchara de doña Flora se caracteriza por ser sencilla, práctica, variada, original y económica, pero, con mucha clase.

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Ella ha sabido conjugar la esencia de ese sabor casero de la cocina tradicional costarricense de nuestras abuelas, con los sabores propios de la modernidad, para dar nacimiento a una armonía culinaria. Además de caracterizarse por hacer una descripción tan clara de la receta de tal manera que, hasta los más inexpertos en el arte de la cocina, logran, con gran acierto, preparar cada uno de los platillos. A estas recetas sí que no hay que tenerles miedo, pues hasta las más elaboradas se logran preparar de manera sencilla, de forma exacta, sin perder su calidad, pues doña Flora se preocupa, hasta el cansancio, por estudiarlas, experimentarlas, comprobarlas, probarlas y mejorarlas.

Sin duda doña Flora ha hecho de la cocina, año tras año, y desde el primer guiño de aliento del día, un lugar en donde los olores y sabores fluyen con crecimiento, alegría y libertad. Siempre manteniendo su naturaleza perfeccionista pero afable, tal y como lo aprendió de su madre doña Luz María, a quien doña Flora define, en la dedicatoria del libro Cocina Costarricense, como una mujer virtuosa, como su amiga, su inspiración y su cómplice en el arte culinario.

De su madre, nos dice doña Flora, aprendió el hacer de la cocina un santuario donde honrar y valorar los alimentos que siempre bendicen su mesa. Y sí que lo aprendió bien, pues, definitivamente, la cocina costarricense posee un antes y un después a partir de Flora Sobrado de Echandi. Parafraseando El Elogio de la mujer virtuosa que aparece en Proverbios, se podría perfectamente decir que, en el ámbito de la cocina de nuestro país, “muchas mujeres hicieron el bien; mas, Tía Florita, sobrepasa a todas”.

De ahí que hoy, enhorabuena, nuestras cocinas y nuestras mesas sigan vibrando, y engalanándose, con el gusto de la buena cuchara de Tía Florita mediante su arte en Canal 13 y Canal 7. Además, seguirla constituye una excelente manera para honrar la labor culinaria de una de las personalidades más queridas de la televisión nacional. Recuérdese que un pueblo se enaltece cuando honra a quienes han aportado en la construcción positiva de sus cimientos y sus raíces, y doña Flora lo ha hecho con creces…

Gracias doña Flora, nuestra admirada Tía Florita, por llevar, por 40 años, el arte de la cocina a nuestros hogares con tanta pasión, sencillez y profesionalismo. Gracias, por brindarnos su talento, enseñanzas, responsabilidad y amor al trabajo. Gracias doña Flora, por hacer de su programa Cocinando con Tía Florita, junto con la complicidad de las también muy talentosas Debora Acevedo y Rebeca Bolaños, una escuela de aprendizaje y disfrute culinario, para infinidad de generaciones.

Gracias, por ser una de esas grandes mujeres que ha escrito, con sobrado mérito y patente capacidad, gran parte de las apetitosas páginas gastronómicas de nuestro país. Muchas gracias, porque su trabajo, en esta sociedad tan colmada de aspectos superficiales, constituye un ejemplo de compromiso y de labor bien realizada…, sin duda personas como ella son las que real, y constantemente, están haciendo Patria. Para doña Flora mi perenne cariño, mi profunda admiración y mi eterno agradecimiento por hacerme parte importante de su vida. Concluyo diciéndole a ella esa frase con la cual, desde hace tantos años, doña Flora se despide de sus televidentes: ¡Que Dios la bendiga!

Un poco del sazón de las ebulliciones de Tía Florita…

“Me interesé por inventar nuevas recetas cuando me casé”.

“Inicié con un programa de cocina para Canal 13, bajo la tutela de la conductora Inés Sánchez, quien me dio la oportunidad de grabar pese a no tener ninguna experiencia en la televisión”.

“Estando en un programa en vivo la plantilla de gas que usaba alzó en llamas. Para disimular tiré un limpión que también ardió en llamas. Inmediatamente pedí ir a anuncios. El saldo: mi mano quemada”.

“Cocinando con Tía Florita tiene una audiencia muy fiel. Pero creo que la disciplina, la responsabilidad y el éxito me ayudaron a que siga al aire”.

“Soy muy meticulosa, muy perfeccionista y si alguna receta no me sale bien la boto”.

“Estoy segura de la fidelidad de mis televidentes. Yo siempre digo que tengo un gran ejército de mujeres que me apoyan”.

“Cuesta convencer a la gente de que la comida rápida no es nutritiva. Por mi parte, en mis programas yo opté por no volver a hacer fritangas”.

“Las comidas criollas no desaparecerán de la mesa de los costarricenses porque el tico está acostumbrado a sus casados y existe un presupuesto limitado que no permite cambiar por comidas más sofisticadas”.

“Volvería a vivir mi vida exactamente como hasta ahora, con todo y sus altibajos, no cambiaría nada. Dios me ha premiado, no creo merecer tanto”.

Algunos premios otorgados a Tía Florita

Gourmand World Cookbook Awards 2009 le otorgó dos premios en París por su gran carrera en la cultura gastronómica.

Fue premiada en el 2009 por el libro Celebrity Chef como una de las 30 mejores Chef por su conocimiento de la cocina costarricense e internacional, su trayectoria en la televisión nacional y las más de 500 mil copias de libros vendidos.

Flora Sobrado de Echandi: Señora de altivo sazonar

Poema: Olor a lumbre

 

¡Quién habría de decirlo!…

Transmutar creativamente esa milenaria prisión

en un caudal de soberanías culinarias,

con esas tus manos de suculentas cosmogonías,

porque entre cucharadas de adobos, año tras año,

desde el primer guiño

de aliento del día,

condimentás entre especias de tempestades y calmas,

fábulas de vida en tu cocina…

 

Y a pesar de los convencionalismos,

¡derribás aceites que hierven almas!,

con ese olor a lumbre derramado en tantos rincones,

sobre la palma de tus espátulas vivencias

que adueñadas vociferan la levadura de tu usanza.

 

¡Muy pocas veces las frutas no magullan su esencia!…

Por eso,  en este tu espacio se han guisado

un sinfín  de realizaciones,

allí, la vida se cuece entre tus glamorosas pimientas y sabores,

¡cocinera de avatares!…,

pues en vos truenan las ollas de hedores a ofrendas,

sobre  esa magia impostergable del éxtasis caramelizado,

como una orgía de paladares entre barrotes

de sazón liberados…

 

¡Y sí,  el tiempo mengua!,

pero vos seguís perpetua danzando afilada

con caldos y laureles…

Señora de altivo sazonar, por voluntad propia,

más allá de lo que exigiera la historia.

 

¡Con tus fértiles aderezos sucumben los ayunos!…

Porque en cada cazuela brotás como balsámica trova,

y en tus recetas zapatean marinadas desnudas

de culantro y tomates,

ajos, menta, anís y tomillos,

arrullando sartenes de testimonios,

espolvoreando tus pisos de albahacas,

mientras tu arte escribe

versos habituales en nuestros paladares.

 

Por mi historia no hay nada más fértil

que tus irrevocables recetas,

¡cocinera de avatares con olor a lumbre!…

Me enseñaste a darle voz al pan de cada día,

para así sazonar de júbilos  mis caldos;

por vos mariné mis masculinas  venas

en julianas de emblemáticas permutaciones

para espolvorear mi existencia con tus cosechas…

 

¡Qué sería de nuestras mesas sin el sazón de tus ebulliciones!

Vos que olés a café de esperanza,

y a mieles de llovizna;

a manos de  laurel incandescente

y sublime rostro embriagado de canelas…,

¡porque con vos el llanto se ahuyenta de las cebollas

y el almíbar de los frutos se rejuvenece!…

 

Sí, en tus fogatas caramelizadas horneo mis quimeras…

Sí, con vos,  estamos a punto de ebullición…

 

(Del libro La otra mitad de mi diferencia  del escritor Carlos Díaz Chavarría)

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