El miedo a los animales

El miedo a los animales

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Por Gabriel Páramo

 

Muchas personas están felices con la prohibición, en el Distrito Federal, de los circos con animales. Yo no estoy tan seguro de ello. Por un lado, creo que es inaceptable maltratar a los animales, golpearlos, privarlos de espacio y alimentación adecuados. Sin embargo, tampoco creo “en los derechos de los animales” o que ellos sean equivalentes a los humanos.

 

Me explico. Si los animales deben tratar bien, es por un imperativo ético fruto de la razón del ser humano, no por otra cosa; los animales no tienen derechos, en el sentido estricto de la palabra, y tampoco tienen obligaciones. Yo quiero a mis perras, si alguien se mete con ellas, se mete conmigo, pero no son mis hijas.

 

Vamos, si yo creyera que mis perras son el equivalente a mis hijas, tendrían libertad de entrar o salir de la casa (no lo hacen), no las hubiera esterilizado ni les pondría la comida en el suelo; tampoco las sacaría a pasear con una cadena enganchada a un collar en el cuello. Así de sencillo.

 

El poeta y comunicador Mardonio Carballo pone en su Facebook: “¿Un circo sin animales? ¿Qué animales, para qué actos? ¿Todos los circos tratan mal a sus animales? ¿Todos tratamos mal a nuestras mascotas? No sé; pero lo que sí sé es que es pura demagogia del partido que lo promueve”.

 

Mucho del discurso al respecto de los derechos animales es eso, demagogia. E ignorancia y peor. Como están convencidos de la superioridad moral de sus argumentos, quienes no los compartan quedan descalificados, son malos y deben cambiar sus puntos de vista o desaparecer. Lo mismo que creen los nazis o los cristianos fundamentalistas.

 

La semióloga Coppelia Yáñez dice: “Creo que los animales en los circos y en los zoológicos (que luego hay ultras que ya también quieren ver prohibidos) tienen una función social relevante como creadores de concientización, contacto con las grandes especies, generadores de maravilla ante el reino animal.

 

“Es mucho más fácil (y holgazán) para las autoridades prohibirlos, que regular su bienestar: revisar que estén bien alimentados, bien atendidos, que se les dé un trato ético. No es como que la ley borre a esos animales de un plumazo”.

 

 

 

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