Costa Rica celebra el Mes del Adulto Mayor

CarlosDíaz

Costa Rica celebra el Mes del Adulto Mayor

 

En Costa Rica el Programa de Red de Atención para el Cuido de las Personas Adultas Mayores de la Presidencia de la República, busca mitigar, mediante medidas apropiadas, cualquier obstáculo que impida que los derechos fundamentales e inalienables consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos no se apliquen plena e íntegramente a los adultos mayores.

-No es suficiente que cada 1° de octubre se celebre el Día del Adulto Mayor, no bastan leyes, ni campañas temporales que nos hablen de sus derechos, lo que se necesita es una toma de conciencia real con miras a lograr la plena realización del potencial de las personas de edad.

 

 

Carlos Díaz Chavarría
Vicepresidente CONAPE
Fotos:
www.fmlatinadigitalmoreno.com

 

 

El pasado 1° de octubre Costa Rica celebró el Día del Adulto Mayor mediante diversas actividades como ferias, homenajes, bailes, conferencias,  bailes típicos o consultas médicas gratuitas en instituciones privadas, del estado, escuelas, colegios, universidades o asilos, como una manera de dignificar esa parte de la población que tanto ha ayudado a contribuir la sociedad costarricense pero que, a la vez, es tan marginada.

Por ejemplo la Caja Costarricense de Seguro Social celebró en las instalaciones de las oficinas centrales, el Día Internacional del Adulto Mayor, donde se realizó una feria artesanal y artística con los pensionados de la institución y con grupos de adultos mayores de diferentes partes del país, con el fin de incentivar a esta población para que realice actividad física y mental, así como informarle sobre cómo reducir el abuso y el maltrato en todos los entornos de la sociedad.

Hay que tener claro que cuando se habla de un adulto mayor, personas de la tercera edad, ancianos, viejitos o ciudadanos de oro, generalmente nos expresamos de un modo endulzado para referirnos a la vejez, ya que debido a los diferentes estereotipos generados en torno a ella como por ejemplo que representa un tiempo de achaques, inutilidad, falta de productividad, decadencia o cansancio, generalmente nadie desea que esta etapa le llegue.

De ahí que a lo largo de la historia se ha podido ver como la sociedad, ya sea por indiferencia, desconocimiento, falta de solidaridad o por apostar más al vigor juvenil, se ha empeñado en evitarla, en vivir como si no existiera, y más bien se trata de colocar en un sitial de honor una marcada ansiedad por ser joven. ¡Qué lamentable actitud representa esto!, pues es menospreciar el respeto y la dignidad que debemos tener ante la experiencia, conocimientos y valores que los años nos han brindado. Además es violentar muchos de sus derechos como la educación, servicios de salud, seguridad, autonomía, participación, vivienda, desarrollo, equidad, protección o dignidad.

Por lo  tanto,  es  necesario  que  se tome de manera  crítica la realidad de  muchísimas personas mayores,  preguntándonos si ellas, realmente, están formando parte de manera integral  de  nuestra sociedad, o si  todavía se ven de  reojo por nuestra parte  pese a  que  constituye una  etapa  de la  existencia, a la  cual, si la vida nos lo permite, todos  vamos a ir llegando poco a poco.

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Se debe tener claro que hablar de la vejez es referirse a una palabra que puede implicar sabiduría, el buen consejo de quienes han vivido más que nosotros, de experiencias, consejos y anécdotas que, a la postre, nos pueden servir de enseñanza para hacer de nuestra vida un tiempo más agradable y productivo, tal y como se hacía en la Antigua Grecia, o en muchas de las sociedades asiáticas actuales, donde se ve al anciano como un ejemplo por emular y con un gran poder de influir en las grandes decisiones de los pueblos.

Por supuesto que es evidente, en esta sociedad actual masificada, que se vea al adulto mayor como una persona no productiva. No obstante, si bien es cierto que al llegar a una edad avanzada nuestro cuerpo se va desgastando, esto no quiere decir que los ancianos sean personas inútiles. Entonces, ¿cómo puede sentirse en un ambiente así una persona mayor quien, por cuestiones de edad, carece de una  mayor capacidad física?, o, ¿qué papel podrían desempeñar en familias donde ya no se les considera como parte importante del hogar?… ¿Nos gustaría que al llegar a la vejez seamos rechazados por parte de la sociedad?… ¿Nos gustaría tratar así a aquellos adultos mayores quienes se encuentran a nuestro alrededor?…

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De ahí  que reconocer  y valorar  la presencia del adulto mayor en  nuestra  cultura, y en  la familia, es  reafirmar su autoestima. Es ofrecerle un nuevo significado a su existencia para prolongar sus sueños, esperanzas  y  proyectos dentro  de una socialización  la  cual  le garantice  una vida  con  calidad  física, espiritual y mental. No  olvidemos que la calidad de vida de una persona, su alegría, sus ganas de sentirse vivo, su dinamismo no debe verse afectado drásticamente con los años, pues las  personas deben permanecer tan activas  como  les sea posible  para envejecer con éxito.

Definitivamente debemos comprender que los años no tienen que llevarse con dolor, sino con la enseñanza de conocerlos y aceptarlos para convertirlos en un tiempo provechoso, donde, con sensibilidad y empatía, les permitamos a los adultos mayores, si están en la condición de hacerlo, a ser productivos e independientes, a comunicar abiertamente lo que piensan y sienten, a sentirse valiosos y a respetar su intimidad, sus gustos y sus redes de apoyo.

Recuérdese  que  hoy  puede  ser  nuestro  abuelo,  nuestro  padre,  o nuestra madre, pero, mañana,  podríamos  ser nosotros,  por ello es urgente desterrar  la idea de que los adultos mayores son improductivos, ello es simplemente una falacia, donde la ignorancia desempeña el papel más protagónico, pues hoy, debido al avance de las ciencias de  la  salud y  la tecnología, la expectativa  de  vida  ha aumentado notoriamente.

Entonces, lo que se requiere es una actitud responsable e informada hacia esta etapa de la vida,  y una manera de lograrlo es mediante la educación. No basta con querer, no es suficiente que cada 1° de octubre se celebre el Día del Adulto Mayor, que octubre se destine al mes de los ciudadanos de oro, no bastan leyes, ni campañas temporales que nos hablen  de sus derechos, tampoco ha sido suficiente que, desde 1982, la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas haya dedicado sus esfuerzos a potenciar la validez de los adultos mayores.

Lo que se necesita es una toma de conciencia real con miras a lograr la plena realización del potencial de las personas de edad, por eso en Costa Rica el Programa de Red de Atención para el Cuido de las Personas Adultas Mayores de la Presidencia de la República, busca mitigar, mediante medidas  apropiadas, cualquier obstáculo que impida que los derechos fundamentales e inalienables consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos no se apliquen plena e íntegramente a los adultos mayores.

Valorar la importancia del  adulto mayor en la sociedad es  reafirmar su autoestima y  ofrecerle un nuevo significado  a su  existencia  para  prolongar  sueños  y  esperanzas dentro  de  un contexto  en el  cual, más que estarse obsesionando con los años,  garantice  una  larga  vida  con  calidad  física  y  mental, un envejecimiento exitoso.

Por eso, si contamos con la presencia de un adulto mayor en nuestra familia, nuestro vecindario, en el trabajo, en la universidad…, si usted es un adulto mayor, o, simplemente, queremos ser una persona de sólidos principios humanistas, aprovechemos y valoremos la capacidad de ingenio, experiencia,  eficiencia y libertad de nuestros adultos mayores.

Ante este panorama, bien vale la pena tener en cuenta lo expresado por el reconocido cineasta sueco Ingmar Bergman: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

 

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