¿Cómo atender a los damnificados ambientales?

Columna: Termómetro Político
Por Luis Ignacio M. Lujano Rivera*
 
El planeta tierra gira físicamente en torno a dos movimientos, el de traslación que nos refiere a una medición de 360 días y el de rotación que nos indica periodos de 24 horas, lo cual indica que la tierra sí lleva un rumbo definido permanente que ha perdurado por siglos; pero qué pasa con los seres humanos que habitamos el globo terráqueo, ¿Cuál es el rumbo de la raza humana y su entorno?
 
Si el ser humano no quiere reconocer la grandeza de un Ser Supremo, creador de todas las cosas, a aquel Gran Arquitecto del Universo, con el nombre que lo identifiquen en cada religión y región del mundo, entonces, debe el ser humano estudiar y conocer a “ciencia” cierta, cuáles son las leyes de la naturaleza y sus equilibrios naturales, para respetarlas y cuidarlas.
 
No es viable decir que “el cambio climático son patrañas”, como lo hemos escuchado lastimeramente al romper con el Acuerdo de París; o indolentemente, al seguir haciendo pruebas nucleares sobre la tierra, que aunque no lo admitan, todo ello tiene sus efectos en la naturaleza, pues ésta busca automáticamente mantener sus equilibrios.
 
Hace no muchos años, nuestros abuelos estaban seguros y confiaban en lo que nos enseñaron, qué eran las “cabañuelas”, para tratar de identificar los “ciclos” del clima y sabían contabilizar a su modo, cómo iba a ser el clima de todo el año por meses y… ¿Cómo no recordar las frases de febrero loco y marzo otro poco”. La naturaleza parecía que respaldaba a nuestros abuelos o a nuestros padres, para las fechas en que debían sembrar los campos, pues la lluvia llegaba puntual a los cultivos.
 
Pero a partir de hace unos años, ya no se identifica con claridad, por sus efectos, cuando es primavera o el invierno, pues ahora tenemos todas las estaciones del año en un solo día; hoy mismo, lo sitios que tradicionalmente eran fríos ahora no lo son y en lugares donde nunca conocieron los tornados, nevadas o granizadas, ahora son presas de ello. El cambio climático o esas patrañas, como les dicen, son ya una realidad por más que los nieguen. Los fenómenos naturales hoy son más frecuentes, las radicales y sorprenden más al ser humano. 
 
Cada vez son más grandes los retos de los responsables de la protección civil y los desafíos para los gobernantes, para hacer frente con recursos, por más seguros y fondos de desastres que planeen; pues no habrá recursos que alcancen para reconstruir lo que la naturaleza derrumbe o destruya.
 
Desafortunadamente la memoria del ser humano quiere ser breve y olvidar pronto, no aprender de los errores ni reconocer, lo que no nos pasa en cabeza propia; y sólo nos lamentamos por moda, si son inundaciones solo hablamos de ellas y lo que nos afectó; o cuando se prenden los bosques y acaban con miles de hectáreas y casas; o si nos afectan los huracanes. Hoy lo que afecta en México, son los graves efectos de los terremotos.
 
“La experiencia no es lo que le pasa al hombre, sino lo que el hombre hace con lo que pasa…”, reza esa conocida frase, pero,  ¿Cuándo vamos a hacer más con esa triste experiencia? Los tiempos de respuesta, aún dejan mucho que desear…
 
Es la fecha en la que los gobiernos de los países, no se ponen de acuerdo en planes climáticos comunes, cuando la naturaleza no reconoce fronteras; y a nivel de los gobiernos locales, tampoco se diseñan planes de gran visión para prevenir los efectos de cambio climático; hacer planes de reordenamiento ecológico; el diseño de nuevos polos urbanos seguros; ni muchísimo menos, han considerado zonas de reserva territorial para los damnificados ambientales; llegará el momento en que el mar gane terreno y toda esa gente que vive en la costa, con motivo del calentamiento global, ya no dispondrá de esos predios y requerirá que las autoridades les provean de nuevos lugares para vivir, pero ¿Dónde los instalarán si no hay esas zonas de reserva territorial para damnificados ambientales?
 
*Consultor Político Empresarial y Abogado Corporativo en México.
 
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